Sobre la decisión de ser madre o no

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Desde siempre he tenido claro que si hay un derecho al que las mujeres no podemos renunciar, es a decidir cuándo queremos ser madres o no. Cierto es que hay otros como la igualdad salarial, el derecho al voto o el derecho a ser tratadas como iguales a los hombres, que también son fundamentales y por algo fueron objeto de décadas (e incluso siglos) de lucha; pero la realidad es que de ninguno de ellos depende físicamente la vida de la mujer que decide ejecutar ese derecho.

Me explico: Cuando a las mujeres no se nos permitía votar, simplemente no nos dejaban introducir el papelito en la urna (véase que todo lo que conlleva meter, suele ser preferiblemente masculino, ni que siempre lo hicieran bien… votar, digo), pero no nos mataban por intentar hacerlo clandestinamente, que por cierto sería imposible. En cambio, en cuanto al derecho a abortar (no solo a decidir, también el derecho a abortar si nos da la gana), si decidimos hacerlo y no es legal, nos vemos obligadas a hacerlo a escondidas y aquí es donde peligra nuestra vida, aquí es donde podemos quedar estériles o morir a causa de las condiciones en que tratan de practicarnos el aborto.

Lejos de la reivindicación, los ideales y la ideología, en temas como la maternidad, lo que deberían hablar son los datos, como estos:

  • Cada día mueren unas 800 mujeres por causas prevenibles relacionadas con el embarazo y el parto.
  • Un 99% de la mortalidad materna corresponde a los países en desarrollo.
  • La mortalidad materna es mayor en las zonas rurales y en las comunidades más pobres.
  • En comparación con las mujeres de más edad, las jovenes adolescentes corren mayor riesgo de complicaciones y muerte a consecuencia del embarazo.
  • La atención especializada antes, durante y después del parto puede salvarles la vida a las embarazadas y a los recién nacidos.
  • La mortalidad materna mundial se ha reducido en casi la mitad entre 1990 y 2013.

Estos datos no son ficticios, están extraídos de la web de la OMS, en el mismo sitio donde dice que la mayoría de muertes se producen en países no desarrollados y que suelen ser a causa de lafalta de educación, de los tabúes culturales y del desconocimiento.

Pero sin duda un dato alarmante es la cifra de adolescentes y niñas embarazadas, con el riesgo que esto supone para su vida. Todos recordamos el más de un centenar de NIÑAS liberadas de un secuestro recientemente, violadas, embarazadas o la joven que se quemó a si misma después de ser violada porque no podía soportarlo y su familia, a sabiendas, no hizo nada y, por desgracia, podríamos seguir citando casos así por todo el mundo. ¿A alguien en su sano juicio le parece normal que a estas mujeres se les obligue a seguir adelante con un embarazo? Si, claro, a los mismos iluminados que dicen que no uses la copa menstrual y que preguntes a tu párroco sobre sistemas de anticoncepción, que ya me dirán ellos qué sabe un cura (hombre) de la menstruación o de concepción, vamos a omitir que la copa menstrual es para lo que indica su nombre, para la menstruación, en fin, estos son los cultos que tratan de dominar la vida de las mujeres.

Aunque parezcan datos inconexos los de arriba, la idea de fondo que quiero transmitir es clara, es una sencilla regla de tres: A mayores derechos sexuales y reproductivos para las mujeres, mayor educación sexual y reproductiva para las mujeres y, por tanto, menor mortalidad entre nosotras. Sencillo, ¿no? Pues estos principios tan sencillos son difíciles de implantar en el mal llamado “primer mundo”, imaginemos ahora cuanto costará llevarlo a países que, encima, no tienen la suerte de tener nuestra sanidad y que encima llevan siglos bajo el yugo de las religiones (el verdadero cáncer de nuestra humanidad desde el momento en que sus ideas y la ideología que sostienen están por encima de la vida de las personas).

Este debería ser uno de los retos del siglo XXI, conseguir que las mujeres puedan decidir libremente sobre su cuerpo y su maternidad, con conocimiento, formación, apoyo y derechos. Que las que quieran ser madres, puedan serlo en el momento que quieran y que cuenten con todo el apoyo de la sociedad y las instituciones (ayudas, medidas laborales, apoyo, formación, sanidad,…) y las que no quieran serlo, puedan contar también con el apoyo de la sociedad y de las instituciones (métodos anticonceptivos asequibles, aborto gratuito y seguro, formación en educación sexual,…).

Porque solo apoyando la maternidad libre, garantizando derechos, educando en sexualidad y reproducción y respetando las decisiones conseguiremos hacer del mundo un lugar realmente sostenible, libre e igualitario. Y sobre el aborto, ya hablaré largo y tendido más adelante 😉

 

Para quienes queráis saber más:

 

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