Política de hombre blanco (a woman’s place is in the resistance)

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El pasado sábado tuvo lugar en Estados Unidos (y en otros lugares del mundo para apoyar) la #Womensmarch contra las (previsibles) políticas misóginas que el “señor” Trump va a llevar a cabo en su país durante su mandato.

Quizás una de las cosas más destacables fue la tremenda presencia de mujeres jóvenes negras, quizás las más perjudicadas por esta elección y que mostraron una fuerza como hacía tiempo que no se veía. Como es lógico, los medios españoles se hicieron eco (aunque un poco a toro pasado) de esta gran marcha y, entre los comentarios a la noticia, se repetía uno: “Es el presidente electo, que no le hubieran votado” o su variante “Si protestan, ¿para qué le votaron?”. La respuesta es evidente: Ellas no le votaron y van a ser las principales víctimas de su elección. ¿Quién le votó? El mismo que votó a favor del Brexit y de Rajoy: el hombre blanco de clase media alta, en muchos casos sin estudios, que vive en lugares poco cosmopolitas y de edad adulta (entiéndase más de 45). Es evidente que un empresario misógino como él, que quiere hacer un muro en México para que no pasen los latinos, no va a gobernar para las mujeres, ni los jóvenes, ni los pobres, ni el colectivo LGTBI, ni para la paz, ni para la solidaridad. Igual que en España Rajoy no va a gobernar para las mujeres, los jóvenes, los pobres, las trabajadoras, los estudiantes, etc, etc, etc. Pero no pasa nada.

Quizás esa la mayor diferencia, ellas salieron a la calle al día siguiente de empezar el mandato para decir: “¡Eh! Estamos aquí, te vigilamos y no nos vas a pisotear”. Nosotros en cambio, votamos al hombre blanco de clase media (sea el partido que sea), le damos plenos poderes y le dejamos hacer. ¿Que otro partido le da el gobierno a un partido por ser el más votado? No pasa nada, nos quedamos en casa. ¿Que suben la luz en plena ola de frío? Pues nos vamos a pasar la tarde al centro comercial para no encender la estufa y listo. ¿Que chanchullean para que los bancos no devuelvan la cláusula suelo? Qué más da, yo no tengo hipoteca. Eso si, esos hombres blancos que dirigen el país se siguen peleando por dirigir los partidos políticos (que eso es mucho más importante que ayudar al pueblo, dónde va a parar) y claro, eso les quita tiempo de hacer algo para frenar la subida de la luz, por ejemplo (con ponerlo en las redes sociales ya cumplen con el cupo de protesta).

Pero tampoco es justo que diga que esto es algo nuevo, porque es tan viejo como la política misma. Los griegos inventaron la democracia, pero las mujeres no tenían derecho a opinar, como ahora. Eso si, todos son hiperfeministas, pero es que, según ellos, no consiguen encontrar a ninguna mujer preparada, fíjate tú qué cosa. Que según el INE, sobre datos de 2014, el porcentaje de mujeres con estudios superiores es de 53,3% frente al 46,7%, pero se esconden o será que para ser político no hay que tener estudios…

Aunque las mujeres vayan teniendo cada vez más representación política, se nos sigue prefiriendo en lugares poco destacados o dedicándonos a los cuidados y la familia. Desde aquí me gustaría hacer(nos) una propuesta: por qué no cogemos ese rol por los cuernos y, en unos tiempos tan insolidarios y faltos de corazón como estos, lo volcamos en la política y ocupamos nuestro lugar llevando a cabo una política solidaria, de cuidado al prójimo, de apoyo al desfavorecido (cuidados); de crecimiento, apoyo a jóvenes y estudiantes (crianza); de fortalecimiento de lo público para generar un sistema solidario y que sirva a los ciudadanos, de cuidar el medio ambiente (ama de casa, entendiendo como casa el planeta tierra).

Si lo hacemos, se pueden dar dos situaciones: O dejan de asignarnos el rol de ama de casa, cuidados y crianza porque lo estamos aplicando donde ellos no quieren y eso les acojona; o cambiamos el mundo y ponemos cada cosa en su sitio. Ojo, esto no quiere decir que vaya a ser una política blanda o que se pueda pisotear; esto quiere decir que (viendo la situación de los refugiados, por ejemplo) hace falta solidaridad y corazón y estos hombres medios que nos gobiernan no lo tienen.

Hagamos lo que hagamos (porque posiblemente muchas no esteis de acuerdo y posiblemente yo no haya sabido transmitirlo bien), no olvidemos nunca que en Austria conseguimos que un ecologista llegase al poder, cuando nadie contaba con ello y que el sábado (sólo las estadounidenses) consiguieron sacar a miles de personas a la calle. Porque el lugar de las mujeres es la resistencia y nosotras podemos mover el mundo.

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(Gracias Leia (Carrie Fisher) por todo)

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Soltar

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Hoy estaba leyendo un artículo en Internet sobre cómo ser feliz y una de las claves que daban era soltar lo que no te hace feliz, dejarlo ir. Otro era perdonar. Supongo que, al final, ambos están unidos ya que al perdonar dejas ir el rencor, lo sueltas, y acabas perdonándote a ti misma.

Lo que no decía en ningún momento, es que debes empezar por soltarte a tí y que esta es la parte más difícil. Perdonar a quien te hizo algún mal es mucho más sencillo, olvidarlo es un poco más difícil; pero contar a quien quieres por qué eres como eres, ir sacando una a una las piedras de la mochila y decir qué surco te dejo, eso es más difícil que escalar el Everest, es desnudarse sin ropa. A nuestro favor diré que no es sólo culpa nuestra, a lo mejor es que si no excavamos un poco no sabes de donde viene ese surco que nos hizo tener la última llorera (ojo, que llorar no es malo, pero siempre que sea reparador). Y cuando empiezas a hurgar duele, duele mucho, porque llegas a momentos que no recordabas o a los que no diste la importancia que debían mientras surcaban tu carácter.

Cuando empiezas este viaje hacia dentro intentando entender por qué eres así, llega un momento que chocas con la realidad, ves la luz, y lloras. Comprendes que para poder soltar y perdonar, es necesario que digas a tu gente qué hizo esa piedra y, curiosamente, ya no es difícil decirlo. Te morirás de vergüenza, pasarás un mal rato, y después te entenderán o no, pero al menos ya lo has soltado.

Es como decir que no, al principio cuesta, sobre todo con los que más quieres. Pero una vez empiezas a hacerlo, va costando menos y vas ganando paz.

Y al final, lo que empezó con un tonto artículo de Internet, puede abrirte el camino a la ¿felicidad? (o, al menos, un intento) en tu vida.

Mi llorera fue que no fueron partícipes de mi ilusión el día de Reyes; mi piedra es que cuando era pequeña, era el único día que era niña de verdad, que era totalmente feliz. Mi surco es que me gusta hacer a los que quiero tan felices como era yo ese día y que vivan un poco de ilusión y alegría.

Mi otra piedra fue la incomprensión y su surco fue la introversión y la necesidad de explicarme mucho para evitar silencios incómodos y que lo que digo está fuera de lugar. Pero esta piedra da para otra entrada y, de momento, parece que la ligereza (junto con el sol de este momento) trae un poco de motivación para empezar nuevas rutinas (¡quien sabe si hasta salir a correr cada día!).dejar-ir

Como hombre, pido perdón por un mundo patriarcal

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Hoy es 25 de Noviembre y vuelve a ser una fecha negra en el calendario, enmarcada dentro de un año más negro aún. En torno a la centena de mujeres han sido asesinadas por sus parejas, muchas otras consiguieron escapar del infierno, pero otras no han conseguido encontrar el valor necesario para frenar los golpes, dejen o no marca, y salir, liberarse y vivir.

Ninguna de nosotras está a salvo de caer en esta trampa mortal disfrazada de amor romántico. Da igual nuestra edad, raza, estudios, clase social… ninguna estamos a salvo de ser engatusada con palabras zalameras de amor eterno que esconden posesión y violencia.

Siguen estando a la orden del día las frases como “si te vas, me muero”, “dónde y con quién vas” o el tan usado “si me dejas, me mato”. Frases que solo sirven para encadenar al que las escucha a la mano de quien las dice. Frases que merecerían un “pues mátate o déjame vivir” que no se dice por miedo a que el cobarde cumpla su palabra y nos haga cargar con su muerte eternamente.

Por desgracia, ni las generaciones más jóvenes se libran de esto. Las más jóvenes tienen la cadena del whatsapp, que lejos de cumplir su función de comunicación y de conectar al mundo gratis, se utiliza como método de control, donde la víctima debe rendir cuentas de si se conecta, de con quién habla o de por qué no responde. Un nuevo método de control gratuito.

Viendo todo esto, después de años de lucha y de tratar de concienciar a la sociedad, parece que en balde, surge una pregunta: ¿Qué estamos haciendo mal?

Mujeres y hombres salimos juntos a la calle pidiendo el fin de la violencia de género, existen leyes especiales, cuerpos de policía, juzgados específicos, abogados, asociaciones, casas de acogida, …, toda una red perfectamente tejida, pero algo sigue fallando.

Quizás sea que la concienciación aún no es  suficiente y no se logra hacer ver al maltratador que no debe maltratar; quizás sea que no se refuerza lo suficiente el valor de la víctima  para que de el primer paso; quizás sea que falla la educación que se da en los colegios; quizás sea la educación que dan los padres la que no es correcta; quizás sea que cada vez proliferan más los machismos, los micromachismos y el lenguaje machista; quizás falle toda la sociedad (como dice Nacho Vegas en una canción: “como hombre pido perdón por un mundo patriarcal”).

No se cuál será la respuesta, ni cuál será la fórmula mágica para terminar con la violencia, pero lo que sé es que no podemos pararnos, debemos seguir luchando y dejarnos de enfrentamientos entre géneros, porque solo trabajando juntos erradicaremos la violencia de género y cuando hablo de violencia de género lo hago en todas sus vertientes y modos, sin olvidar a ninguna víctima, sea hombre, mujer, niño o niña.

Porque esta lucha es de todos y sólo la ganaremos si combatimos juntos, desde la igualdad, el respeto a la víctima y la educación para no seguir tropezando con esta piedra que hay que recordar cada 25 de noviembre.

 

Como sabéis, me gusta despedirme con un vídeo o canción, esta vez quiero recomendaros que veáis el corto “Una vez”, protagonizado por Belén Rueda y que va sobre violencia de género, pero con una visión distinta  a la que nos tienen acostumbrados los directores de cortometrajes cuando ruedan sobre este tema. No he conseguido encontrar ningún enlace al video, pero os dejo uno a su sinopsis y si podéis, no os lo perdáis: http://www.naniano.com/producciones/cine/una_vez/

 

Why can’t we be friends? O la tontería humana de perder amigos por el interés

hqdefault Después de varios meses de parón y montañas rusas emocionales vuelvo a escribir en mi blog, porque parece que, al fin, la inspiración se ha dignado a volver a visitarme.

Hace unos meses, ya casi un año, decidí cerrar una etapa de mi vida y centrarme en mi, en mi vida y en mi futuro, que era algo que tenía muy abandonado. Me animé, no sin ayuda, a terminar los estudios que tenía mediados y que podrían abrirme nuevas puertas a todos los niveles, ya que con mi preciosa y desnuda diplomatura estoy en tierra de nadie, asunto que daría para una larga entrada de blog sobre los estudios y los trabajos, esas raras especies. También comencé a vivir experiencias nuevas que se suceden cada día y que a veces desembocan en conversaciones sobre a quién le toca fregar los platos o atar la basura, lo que generalmente depende del olor que emane del cubo que la contiene, y que igualmente dará para una entrada en algún momento sobre las maravillas de la convivencia y lo bien que se siente al llegar a casa y que te den un abrazo el día que lo necesitas, una pequeña bronca el día que necesitas espabilar, un aterrizaje para volver a poner los pies en el suelo o la seguridad de que cuando estás muerta de miedo ya puede venir una horda de zombies, que tienes quien te proteja. Pero todo esto, como decía, serán futuras entradas, siempre que la inspiración me acompañe.

Pero hoy no será ese el tema, será sobre lo que descubres cuando por fin creces y cierras una puerta.

Como sabéis los que me conocéis y los que no, ahora seréis conocedores, hasta hace unos meses estaba en política y, por razones que no vienen ahora a cuento, abandoné mi militancia. Había personas con las que me llevaba bastante bien, creyendo (inocente de mi) que incluso podríamos tener algún tipo de relación amistosa fuera de la política. Hoy, mientras jugaba con mi teléfono, confirmé que no es que sea inocente, es que soy gilipollas por pensarlo. Me puse a mirar contactos y seleccionar aquellos de los que no sabía nada hacía tiempo, era consciente que iba a seguir siendo así y tampoco me importaba; en ese momento, me di cuenta que, para muchas personas con las que había compartido muchos momentos, ya no existía. Ni una llamada o un mensaje de apoyo o un “¿qué tal? ¿cómo va todo?”. Nada. Supongo que no es nada personal, simplemente que ya no les soy útil y se han olvidado de mi, como ya harían de tantos otros. También hay que decir  que, pese a que durante algún tiempo si que esperé esa llamada, hace ya meses que soy yo quien no les necesita en su vida, pero quizás hasta hoy no había sido totalmente consciente de ello.

Pero por cerrar con buen sabor de boca, he de decir que desde que ni la política, ni muchas de esas personas, están en mi vida, soy más feliz (aunque la felicidad no sea más que la droga de los idiotas), vivo más tranquila y estoy rodeada (aunque a algunos nos separe algo de distancia o apenas tengamos tiempo de tomarnos un café) de personas menos tóxicas y mucho más maravillosas. Así que creo que he ganado con el cambio y que pueden meterse esa llamada no hecha donde les quepa.

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Me despido con una sonrisa y un sonido noventero que va que ni pintado, disfrutarlo a la salud de esos que no os supieron valorar y por eso os perdieron de su lado y ayudaron a que os convirtierais en los maravillosos seres humanos que seguro que sois —– Why can’t we be friends? de Smash Mouth

Sobre la decisión de ser madre o no

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Desde siempre he tenido claro que si hay un derecho al que las mujeres no podemos renunciar, es a decidir cuándo queremos ser madres o no. Cierto es que hay otros como la igualdad salarial, el derecho al voto o el derecho a ser tratadas como iguales a los hombres, que también son fundamentales y por algo fueron objeto de décadas (e incluso siglos) de lucha; pero la realidad es que de ninguno de ellos depende físicamente la vida de la mujer que decide ejecutar ese derecho.

Me explico: Cuando a las mujeres no se nos permitía votar, simplemente no nos dejaban introducir el papelito en la urna (véase que todo lo que conlleva meter, suele ser preferiblemente masculino, ni que siempre lo hicieran bien… votar, digo), pero no nos mataban por intentar hacerlo clandestinamente, que por cierto sería imposible. En cambio, en cuanto al derecho a abortar (no solo a decidir, también el derecho a abortar si nos da la gana), si decidimos hacerlo y no es legal, nos vemos obligadas a hacerlo a escondidas y aquí es donde peligra nuestra vida, aquí es donde podemos quedar estériles o morir a causa de las condiciones en que tratan de practicarnos el aborto.

Lejos de la reivindicación, los ideales y la ideología, en temas como la maternidad, lo que deberían hablar son los datos, como estos:

  • Cada día mueren unas 800 mujeres por causas prevenibles relacionadas con el embarazo y el parto.
  • Un 99% de la mortalidad materna corresponde a los países en desarrollo.
  • La mortalidad materna es mayor en las zonas rurales y en las comunidades más pobres.
  • En comparación con las mujeres de más edad, las jovenes adolescentes corren mayor riesgo de complicaciones y muerte a consecuencia del embarazo.
  • La atención especializada antes, durante y después del parto puede salvarles la vida a las embarazadas y a los recién nacidos.
  • La mortalidad materna mundial se ha reducido en casi la mitad entre 1990 y 2013.

Estos datos no son ficticios, están extraídos de la web de la OMS, en el mismo sitio donde dice que la mayoría de muertes se producen en países no desarrollados y que suelen ser a causa de lafalta de educación, de los tabúes culturales y del desconocimiento.

Pero sin duda un dato alarmante es la cifra de adolescentes y niñas embarazadas, con el riesgo que esto supone para su vida. Todos recordamos el más de un centenar de NIÑAS liberadas de un secuestro recientemente, violadas, embarazadas o la joven que se quemó a si misma después de ser violada porque no podía soportarlo y su familia, a sabiendas, no hizo nada y, por desgracia, podríamos seguir citando casos así por todo el mundo. ¿A alguien en su sano juicio le parece normal que a estas mujeres se les obligue a seguir adelante con un embarazo? Si, claro, a los mismos iluminados que dicen que no uses la copa menstrual y que preguntes a tu párroco sobre sistemas de anticoncepción, que ya me dirán ellos qué sabe un cura (hombre) de la menstruación o de concepción, vamos a omitir que la copa menstrual es para lo que indica su nombre, para la menstruación, en fin, estos son los cultos que tratan de dominar la vida de las mujeres.

Aunque parezcan datos inconexos los de arriba, la idea de fondo que quiero transmitir es clara, es una sencilla regla de tres: A mayores derechos sexuales y reproductivos para las mujeres, mayor educación sexual y reproductiva para las mujeres y, por tanto, menor mortalidad entre nosotras. Sencillo, ¿no? Pues estos principios tan sencillos son difíciles de implantar en el mal llamado “primer mundo”, imaginemos ahora cuanto costará llevarlo a países que, encima, no tienen la suerte de tener nuestra sanidad y que encima llevan siglos bajo el yugo de las religiones (el verdadero cáncer de nuestra humanidad desde el momento en que sus ideas y la ideología que sostienen están por encima de la vida de las personas).

Este debería ser uno de los retos del siglo XXI, conseguir que las mujeres puedan decidir libremente sobre su cuerpo y su maternidad, con conocimiento, formación, apoyo y derechos. Que las que quieran ser madres, puedan serlo en el momento que quieran y que cuenten con todo el apoyo de la sociedad y las instituciones (ayudas, medidas laborales, apoyo, formación, sanidad,…) y las que no quieran serlo, puedan contar también con el apoyo de la sociedad y de las instituciones (métodos anticonceptivos asequibles, aborto gratuito y seguro, formación en educación sexual,…).

Porque solo apoyando la maternidad libre, garantizando derechos, educando en sexualidad y reproducción y respetando las decisiones conseguiremos hacer del mundo un lugar realmente sostenible, libre e igualitario. Y sobre el aborto, ya hablaré largo y tendido más adelante 😉

 

Para quienes queráis saber más:

 

Sobre la sexualidad femenina

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Hace poco que empecé a ver una serie recomendada por una amiga. Trata sobre un estudio que se llevó entre los 50 y los 60 sobre sexualidad desde un punto de vista médico: aumento del pene durante la erección, cambio de color de la aureola del pezón e incluso cambios de la pupila (esto no lo explicaré aquí porque los hombres podrían saber demasiado y, como dice uno de los personajes: “toda persona que tenga una vagina, ha fingido un orgasmo alguna vez”).
En un momento dado, el médico que encabeza el estudio está presentando los resultados ante sus colegas. Mientras habla de los hombres no pasa nada, todo es alardeo sobre el tamaño de sus penes y bromas a respecto (si eso fue realmente así, alguien debería haber dicho: “dime de qué presumes y te diré de qué careces”). Eso si, en cuanto empieza a hablar de qué ocurre con la mujer, las caras cambian. Para empezar, lo ilustra con un video desde dentro de la vagina (puaj, que palabra más fea) y para continuar, solo se le ocurre decir que en el sexo es la mujer quien tiene ventaja, porque puede ser multiorgásmica y el hombre no. Entonces le apagan hasta el proyector y le llaman todo tipo de improperios. Qué triste es pensar que en el 2015 seguimos prácticamente igual.
Vaya por delante que no soy médica, ni sexóloga, solo curiosa y sin pudor a la hora de hablar o informarme sobre estos temas. Por eso me llaman la atención diversos estudios que dicen que todas las mujeres somos, por naturaleza, multiorgásmicas. Quizás haya muchas mujeres que afirmen que serlo es imposible, pero quizás es porque entendemos el multiorgasmo de forma errónea: quizás con esta afirmación los expertos hacen referencia a que las mujeres podemos sentir orgasmos clitorianos, vaginales e incluso uterinos, sin olvidar que en función de cómo “se ataque” a dicho punto, las sensaciones cambian. Resulta evidente, por tanto, que si actuamos como conejitos es prácticamente imposible alcanzar varios tipos de orgasmos e, incluso, uno solo y la respuesta es sencilla: falta de tiempo (suelen ser rapidillos, como los de los conejos, valga la redundancia) y falta de estimulación. En cambio cuanto más se estimulen las distintas zonas, más fácil será alcanzar el clímax en las distintas zonas, haciendo que nuestro cerebro llegue al clímax. ¿Cómo hacer esto? Cada cual es libre de experimentar: chicas, anímense a la autoexploración y a descubrir cual es su punto mágico, en buscarlo está parte de la diversión. También es cierto que si se hace en compañía, la confianza, seguridad, intimidad y, en definitiva, la relación que se tenga con la otra persona puede ser esencial.
Hace unas líneas llegaba al punto clave del orgasmo femenino, el cerebro. No vamos a echarle toda la culpa de la falta de orgasmos a nuestros compañeros de juegos, no sería justo. La realidad es que si nosotras mismas no ponemos de nuestra parte, va a ser imposible alcanzar si quiera un orgasmo. En ese momento en que entre el placer y su ausencia solo se interpone nuestra mente, está claro lo que hay que hacer. Tenemos que dejar nuestra mente en blanco, centrarnos sólo en disfrutar, en sentir desde el dedo que recorre la espalda hasta los labios que se posan en el ombligo y, a partir de ahí, dejarse llevar por el río de sensaciones.
Esos momentos no son para los prejuicios ni los tabúes. No por disfrutar con el sexo se es una puta (perdón por la expresión, pero es lo que muchas piensan); no es algo sucio en ninguna de sus variantes: chico-chica, chica-chica, chico-chico, uno mismo, varias personas. Estos son los clichés y los pensamientos que la “humanidad” se ha empeñado en inculcarnos durante siglos: el hombre puede disfrutar con el placer, para la mujer sólo puede tener fines reproductivos. Para muestra, un botón: la ablación del clítoris en varios países para que así la mujer sea incapaz de sentir placer a la hora de tener relaciones sexuales, solo siente dolor. La naturaleza no es estúpida y nos dio a las mujeres de la capacidad de sentir placer mientras nos insertan un trozo de carne en nuestra parte más sensible (dicho así, el sexo no parece tan divertido, lo se). De hecho, el clítoris es la versión femenina del glande, lo que debería servir para que los hombres entiendan la crueldad que supone su ablación. A quienes siguen emperrados en mantener esta sangría deberíamos preguntarles, ¿os cortamos a vosotros el glande con una cuchilla para que lo entendáis mejor?
Quizás por esta misma razón, palabras como clítoris o vagina o incluso sexo, orgasmo y masturbación cuando hablamos de mujeres, son casi tabúes, parece que no está bien visto decirlo abiertamente. Eso si, Torrente puede decir en cinco películas: “¿Nos hacemos unas pajillas?” y España entera le ríe la gracia. ¿Os imagináis si en vez de Torrente lo dijera su homóloga femenina? Imposible de imaginar, no habría pasado de la primera película. Otro ejemplo, las bromas con la famosa saga de “50 sombras de Grey”, que dicen que hasta en su adaptación parece una historia más de amor (debo decir que ni he leído los libros, ni visto la película). Cómo es una película de temática erótica para mujeres, ¿hay que suavizarla? Por no hablar de las bromas que circulaban sobre inundaciones en el cine o asientos con vibradores. No recuerdo bromas de estas con “Instinto básico”, ¿será porque es una película más dirigida a hombres? Una forma sutil aunque efectiva de coartar la sexualidad femenina como género: ¿mujeres y material erótico? Se hace burla y ellas no se van a atrever a consumirlo por no quedar en ridículo.
Siendo retorcidas, podríamos pensar que hay una especie de confabulación masculina para apropiarse del campo sexual. No van a reconocer que en este sentido les llevemos una ventaja: contar un 3-1, por ejemplo, en cada relación debe dar algo de envidia. Pero no creo que exista esta conspiración, hay compañeros de aventura que no merecen ser englobados ahí, de hecho, es una pena que no puedan sentir tantos como nosotras. En cambio, hay otros que no merecen sentir ni el suyo, ya que después de que nosotras logremos dejar a Meg Ryan como aficionada, lo que deberían hacer es conocer nuestros pensamientos durante el acto: “a ver si termina de una vez, que tengo que pintar el techo” (en esta categoría, mis favoritos son los que se miran al espejo y se excitan con su propia imagen, son tan tristes…).
En definitiva, no pretendo entrar en una guerra de sexos sobre este tema, si no animar a las mujeres a vivir su sexualidad con libertad, sin tapujos, no hay nada malo en ello y tenemos la obligación moral de conseguir que todas las mujeres del mundo consigan hacerlo, por encima de costumbres rancias y religiones machistas.
Para terminar con un buen sabor de boca, un consejo, tanto para hombres, como para mujeres: la única forma de alcanzar un gran clímax es dejándose llevar, disfrutando de cada caricia, cada roce, del acto en si, pensando sólo en las sensaciones que sentimos.

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La que quiera pintar, que pinte

guerrillagirls2El otro día estuve viendo la última película de Tim Burton, “Big Eyes”. Lejos de hacer una crítica cinematográfica, para lo cual dudo bastante de mi capacidad, lo que más me llamó la atención, supongo que como a tantos otros cientos de espectadores, fueron los argumentos que el marido utilizó para apropiarse de la obra de la protagonista. Uno de ellos fue que, si no se le atribuía a él la obra, la cotización de la misma (y por tanto las ventas), bajarían en picado y la convencía diciendo: “mira cuánto dinero estamos consiguiendo con tu trabajo y mi dote de vendedor” y ella lo aceptaba, porque era lo mejor para tener una buena vida. No pretendo criticar a la protagonista, ninguna podemos saber cómo habríamos actuado en una situación así, pero lo cierto es que está película me hizo recapacitar sobre la desigualdad en las artes y empecé a curiosear sobre si existe o no desigualdad en este campo y, partiendo de la premisa de que por supuesto que sí, el nivel de la misma existente.

Me llamó la atención un dato dado por Nira Santana, del Colectivo de Mujeres Creadoras Artemisia, de Gran Canaria, que decía que en los museos españoles más importantes, sólo el 13% de los fondos son creaciones femeninas. A la vez que criticaba la discriminación y las dificultades que, aun a día de hoy, se siguen encontrando las artistas a la hora de crear y exponer su obra.

Que en pleno siglo XXI estemos así, nos hace preguntarnos, ¿con qué dificultades no se encontrarían nuestras ancestras? Desde siempre han existido grandes artistas, pero lejos de ser valoradas y reconocidas, en muchos casos sus pinturas se atribuyen a hombres, ya que durante mucho tiempo fue la única forma de que fueran apreciadas y conseguir, de este modo, una cierta permanencia de la misma en el tiempo. Todo ello pese a ser artes que requieren de una gran sensibilidad, detalle que lo haría más propio de un oficio, labor o devoción más propia del género femenino, por eso de que se supone que somos las sensibles (utilizo un argumento propio de los roles del patriarcado para que se vea el absurdo del mismo y aun a riesgo de caer en el juego sobre la dicotomía de papeles femenino/masculino que tanto bien ha hecho al patriarcado y a la hegemonía masculina durante siglos).

Pese a todo, parece que en todas las épocas se considera a las artes como un oficio digno de caballeros bohemios y con una percepción diferente (casi extrasensorial) del mundo. Para las mujeres sólo es un hobbie al que dedicar su tiempo libre (cuando lo tienen), donde pintan ese mundo tan raro y retorcido en que viven y que crean en su maquiavélica mente.

A estos pensamientos hay que sumar la discriminación y el lugar al que históricamente se ha relegado a la mujer, haciendo, por tanto, que resultara cuanto menos difícil que una mujer decidiera ser artista. Para empezar, ser artista implica, de algún modo, una forma de ganarse la vida, un oficio. Si se considera así para el varón, entendemos que si es la mujer quien pinta y percibe un dinero por ello, también es un oficio, ¿no?

Pregunta obligada, ¿quién puede imaginarse en plena Edad Media una mujer con un oficio? Inimaginable, una falacía que condenaría a la Humanidad a ser comidos por un dragón gigante.

Demos un paso más, ¿alguien puede pensar en el revuelo que se hubiera generado en pleno Renacimiento si los talleres hubieran contado con una importante presencia de féminas dibujando o modelando cuerpos masculinos desnudos? ¡IMPENSABLE! Toda una herejía. En esa época, la Santa Madre Iglesia ya había dejado claro la inmoralidad de la mujer: todos los males del mundo son por culpa de Eva y de María Magdalena, fin de toda discusión. Así que era impensable mancillar el arte en su época más esplendorosa permitiendo las dotes y miradas lascivas de un hembra en un espacio del que mana un arte de cuya pureza es guardián el género masculino (con lo que les gustaba a ellos pintar tetas, incluso en el arte rupestre, plagado de tetas y vulvas).

Avanzando en el tiempo, incluso al siglo XIX, ¿cómo iba a permitir un santo varón que SU ESPOSA (con las connotaciones que esta palabra tiene) se fuera a exponer su obra, por mucho que fueran inocentes paisajes, a miles de kilómetros del hogar? Otra aberración, la mujer debe quedarse en casa, atendiendo las necesidades del hogar, los niños y el esposo. Hagamos un paréntesis, imaginemos que esta artista cuenta con el apoyo de su familia: puede pintar, exponer y vender sin que esto suponga un cisma familiar. Pero, ¿qué diría de ella la sociedad? Mínimo llamarla desvergonzada y egoísta por abandonar a su familia, adornado por supuesto con insultos, improperios y comentarios despectivos que le crean tan mala fama que terminarían por devaluar su obra al ser ejemplo de inmoralidad. Conclusión: dejaría de pintar y lo convertiría en un mero hobbie para que la dichosa sociedad no le destrozara la vida.

Pero no pasa nada, llegamos al siglo XX y las cosas cambian… ¿o no? La discriminación sigue siendo manifiesta, pese a ir consiguiéndose derechos, como de los que hablábamos en el post anterior. Por suerte, en los 60, las mujeres empezaron a ser más conscientes de sus derechos y a tomar las riendas de sus vidas, fue ahí cuando comenzó la “liberación de la mujer”: la puesta en valor y la movilización por los derechos y la visibilidad de las mujeres.

Sin duda, los 90 del siglo pasado son la época de mayor lucha por la visibilidad femenina en las artes: en pintura aparecen las Guerrilla Girls: Con carteles reivindicativos sobre la presencia de las mujeres en la pintura y las artes plásticas. En música, surge el movimiento Riot Grrrl (sucesoras de las maestras de los 70 y 80 como Patti Smith o The Runaways), que reivindica los derechos femeninos desde la música. A unas de las representantes de este movimiento, Bikini Kill robaremos su canción “I like fucking” para poner la banda sonora a los carteles de las Guerrilla Girls y lo haremos porque pone en valor a la mujer y su sexualidad: tan lasciva, divertida, sana y libre como la de los hombres.

El problema aparece en el siglo XXI, donde parece que hemos caído en un letargo, sumidas en un sueño, en el que cada pequeño hito se festeja como una gran vitoria y parece que existe un amago de despertar cuando alguna famosa hace un apasionado discurso ante la ONU o en alguna entrega de premios (no me malinterpreten, bienvenidos sean), pero luego volvemos al letargo.

Necesitamos recuperar ese espíritu luchador, volver a despertar a esa monstrua que parece que se durmió después de los 90 y que no tenía miedo de decir: “Aquí estoy yo, mírame”. Y pelear día a día, porque solo así se puede alcanzar la igualdad real. Educando a las pequeñas para que sepan que son libres desde que nacen y que ellas (NOSOTRAS) y solo nosotras, tenemos la potestad para decidir sobre nuestras vidas y darles el gran valor que tienen: más alto que el que algunos (no todos) quieren hacernos creer.

Y la que quiera pintar, que pinte.

 

Me despido al ritmo de “Rebel Girl”, de Bikini Kill.

Cómo hemos cambiado… ¿o quizás no tanto?

Tal día como hoy, 18 de febrero, en el año 1934, Noruega promulgaba una ley mediante la cual las mujeres tendrían acceso a todos los cargos oficiales del Estado y la Iglesia. Dos años después, el 16 de febrero de 1936, se celebraban en España unas elecciones que darían como resultado la elección de cuatro mujeres: Victoria Kent, Dolores Ibárruri, Ángeles Gil y Margarita Nelken.

A día de hoy, se han conseguido grandes avances en cuanto a lo que igualdad se refiere, pero aún queda mucho camino por recorrer. Muestra de ello es que más del 60% de personas licenciadas son mujeres, sin embargo, sólo un 13% consiguen alcanzar puestas de dirección; otro dato representativo es que en los consejos de administración de las grandes empresas europeas, las  mujeres solo representan el 11% frente al 89% masculino (excepto en Noruega, que, como quedó claro al comienzo de este post, siempre va a la cabeza en eso de la igualdad y el reparto es casi paritario: 42% y 58%). Esto es lo que se conoce como “Techo de cristal”, que, en palabras de la Comisión Europea es esa “barrera invisible resultante de un complejo entramado de estructuras en organizacionesdominadas por varones, que impide que las mujeres accedan a puestos importante“.

Podríamos ponernos a dar datos, pero estos pueden encontrarse en cualquier estudio o encuesta, lo que sirven son los hechos. La realidad es que, mientras que en Noruega se aprobaba una ley que permitía que las mujeres accedieran a los cargos, en España se convertía en prácticamente un hito histórico que cuatro mujeres alcanzaran el status de diputadas. Estas diferencias siguen a día de hoy, ya que (independientemente del color del partido que alcance el poder) actualmente Noruega está presidido por una mujer y tiene un gobierno absolutamente paritario (9 hombres y 9 mujeres); sin embargo, España nunca ha estado presidido por ninguna mujer y su actual gobierno dista mucho de ser paritario: de 14 componentes, lo conforman 4 mujeres y 10 hombres. Aunque por desgracia, es peor el ejemplo de Grecia, donde no hay ni una sola ministra…

Lejos de hacer una loa a Noruega o incluso a sus políticas, este primer post busca exponer poco a poco la realidad del mundo en que vivimos y dejar patente que no estamos tan mal como estábamos (valga como ejemplo las cuatro únicas diputadas del 36), pero estamos muy lejos de conseguir alcanzar una igualdad real (volviendo al ejemplo político, por ser el más visual, 4 ministras de 14). Esto son sólo pequeños ejemplos de cómo seguimos estando relegadas las mujeres a un segundo plano, pero siempre hay que mantener la esperanza. Algún día podremos alcanzar a Noruega en esta carrera y tener un gobierno paritario realmente, o incluso una mujer presidenta, quién sabe.